¿Qué es arte? Bueno, yo creo que esa es una pregunta interesante, pero para darle una vuelta. Es una cuestión que apareció por lo menos en el siglo XIX o incluso antes, cuando las artes dejaron de tener una función. Ahora si vemos que los artistas no necesitaron tener esa respuesta para practicar sus ideas, museos, universidades y galerías para abrir sus puertas ni el público para seguir asistiendo a las exhibiciones de arte contemporáneo, más efectivo seria pensar a quien le sirve hacerse esa pregunta. Sobre todo, porque es una pregunta que retiene poder en la fantasía de que alguien tiene esa respuesta. Alimenta la ansiedad del público y de los teóricos también, por eso hay poca o ninguna crítica de arte, hay crónicas de exposiciones. Hay textos que son explicaciones para calmar al curador y luego al espectador que corre a buscarlos como ansiolíticos para saber que está mirando, que tiene que pensar y en lo posible que sentir. Seguir dándole vueltas a esta cuestión suspende la conversación en una parte muy poco interesante cuando probablemente los problemas estén en otro lado, en algo seguramente más perturbador. Estamos en guardia porque tenemos miedo, no está mal tener miedo. Pero una vez que ya tuvimos miedo, probemos otras emociones.
4.1.17
12.12.16
El siglo XXI empezó con una crisis y el arte encontró la lectura de esa dificultad en la adecuación. Entonces los artistas instalados por miedo a desaparecer y los emergentes por temor a no pertenecer, nos volvimos todos correctos. El único espacio que permaneció genuinamente caótico, incorrecto, fue la institución educativa. Probablemente cuando se pierde la reputación todo lo que queda es ganancia. Es nuevo. Entonces la clase se volvió un refugio. Diría que quizás porque en el aula todos lo intentan, docentes y alumnos. Incluso a veces en clase nos aburrirnos, no importa. Hay pocos estados más revolucionarios que el aburrimiento.
4.1.16
Entonces cada vez que bajo las escaleras y abro la puerta
del edificio, soy el primer hombre que camina la tierra. Veo los árboles, y los
llamo arboles porque me sigue pareciendo un buen nombre. Unos metros más adelante
sale agua de un caño roto, corre por el cordón e inunda la esquina. Es
atractiva el agua y es agradable verla correr. Quizás se pregunten que les sucedió a las personas. Nada, siguen ahí pero en este momento elijo ignorarlas. No persigo
en esta fantasía ningún fin poético. Técnicamente nada de esto es cierto, pero
pasé tanto tiempo confundido, viviendo cada día como si fuera el último que la
idea de porvenir me presenta al mundo como un planeta nuevo.
8.6.15
No dejes de escribir. Si estás triste escribí, si estás contento también. Hacé listas, escribí mensajes de texto. Con una lapicera dibujate palabras en los brazos. Hacé notas en páginas de libros y escribí tus iniciales en las paredes del ascensor con una llave. Tallá un árbol con tu nombre. En Starbucks deciles que te llamás relativo, o víspera. Que se te pase la vida escribiendo, que la muerte te encuentre escribiendo de días felices y de los otros. Y un día no escribas más, porque escribir es una practica melancólica.
2.6.14
Es difícil perderse si no sabes a donde vas.
Todo lo que está en el mundo es aquello que pudimos pensar y sus combinaciones posibles. Pero no solo lo que imaginamos, sino también lo que surgen de problematizar el producto de esos pensamientos. Un acontecimiento tras otro genera un sistema, un proceso incluso histórico que puede frustrarse. Porque aquello que de alguna manera nos es útil y tenemos naturalizado –como el arte– a veces solo es perceptible cuando no funciona. El curador en algunos casos es un técnico que se vincula con el “artefacto” obra. La práctica de conjeturar es un experimento controlado, casi científico. Pero el científico no encuentra solo aquello que va a buscar, sino también aquello que interviene en su búsqueda, una imprevisión que se interpone en el plan. Por supuesto, tiene que existir una intención que favorezca ese encuentro. La obra de arte es un singular en un sistema de generalidades. Una obra de arte “funciona” en este conjunto de particularidades cuando produce una información que desorienta. A veces la obra existe en un río revuelto, donde el curador opera de tutor, asistiendo para que esta obra que probablemente haya extraviado su curso se disfrace de una hipótesis nueva, aun cuando esta operación lo lleve a despistar más la obra. Aquí es necesario un voto de confianza fundando una relación de compromiso curador – espectador – obra – artista – institución, una combinación riesgosa pautada intrínsecamente. Aun cuando el arte, la materia con la cual se construyen estos tratos entre partes, continué siendo interrogado.
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