24.1.18

Vivíamos con mis papas y mi abuela en un departamento de dos ambientes. En un cuarto las camas de mis padres, de mi abuela y mía separas por biombos y en el otro la peluquería de mi mama. Escucharla a ella y sus clientas era fascinante, se contaban todo dejando circular la vulnerabilidad como un tesoro. De modo que aprendí a escuchar de las mujeres, sin desconocer que probablemente esta experiencia iba a fundar mucho tiempo después mi deseo en el psicoanálisis. 

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