1.6.17

Me invitaron a dar una charla en el Instituto Superior Joaquín V. González de Rafaela, en Santa Fe, coordinado por el Centro de Artistas de la ciudad. Más importante que el encuentro, fueron las consecuencias de ese encuentro. Menos inmediato que cierto peligro que rodea al arte contemporáneo donde las obras no deben detenerse, necesitan continuar. Eso es saludable en la práctica artística pero delicado para las personas, porque se parece un poco a la lógica del capitalismo, de la mercancía. Algo nuevo que necesita ser apurado para consumir lo próximo. En este tipo de conversaciones siempre aparece lo que falta y estoy en desacuerdo. Escucho bastante más que eso, en este caso particular a personas reunidas favoreciendo un bien comunitario y eso para mí fue inédito. Por supuesto que tener poco es inquietante, incluso angustiante. Lo escuché allí y en otras ciudades donde tuve la bendición de ser invitado a trabajar. Como siempre no hay todo, es cierto. Pero nosotros los artistas asumimos alguna facilidad para la invención. En lo particular, consecuencia de un origen humilde, mi escuela fue esa necesidad. Tener poco y necesitar inventarlo todo. Es interesante distinguir ahora ese efecto con cierta gratitud, porque el arte también está ahí para recordarnos de lo que somos capaces.

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