1.12.16

Anoche me enteré que se ahorcó David, el cuida coches de la puerta de la casa de mi ahijado. Su padre se había ahorcado unas semanas antes. Tengo dos memorias diferentes al respecto, la primera hace 4 años con David y su hermano Rubén lavándome el auto sin mi consentimiento. Allí el recuerdo se alimenta del enojo. Luego, ya en el presente, Vicente mi ahijado entretenido con dos tíos David, enterarme del fallecimiento de su papá y abrazarlo intranquilo por como absorbería esa muerte. Esta segunda memoria es más empática, su papa y mi papa albañiles, los orígenes humildes -probablemente eso me acerque y me enoje, ambas sensaciones al mismo tiempo- o quizás porque Vicente no hacia diferencia entre un David y otro. O por la compleja identificación con nuestros padres. Da igual, tristeza mediante el mundo parece hecho de espejos. Sin embargo, la fortaleza de su hermano Rubén hace mi dolor frívolo o tan burgués como mis aspiraciones. Pero no me avergüenzo, la humanidad hace su camino y el camino del hombre es hacia su muerte. Durante, está lleno de cosas que sospecho pero saludablemente desconozco.

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