7.11.13

Porqué los cantantes pueden cerrar los ojos cuando cantan y los escritores mientras escriben, no.

Las canciones de amor son un conjunto de palabras detonadoras de significantes. Son todas las personas y ninguna al mismo tiempo entre tanto nosotros cargamos de contenido lo que estamos escuchando. El amor es del mismo modo igual experiencia para todos, la droga que satisface y demanda, el encuentro, la imposibilidad, la cima más alta de las emociones y la desdicha aciaga del final. A veces el amor no se termina, otras ni siquiera llega a conformarse en reciprocidad. Aun así, no deja de ser el mismo sentimiento. Lo que le pasa al objeto de nuestro deseo es otro asunto. El amor que siento es mío, luego veremos qué podemos hacer entre los dos con él. Cuando el amor contraria el anhelo fantástico de la sincroncidad, surge el conflicto. Y de ese dilema se fundan las canciones de amor. 
La abreacción es el modo espontáneo en que las personas liberamos la tensión emocional a través de palabras que encarnan algo reprimido por el dolor o un trauma. Por eso las canciones de amor detonan con precisión la secuencia de emociones exactas que nos abordan. Decimos “te amo”, pero si esa frase sucede en una canción de Chayanne, la cadena de prejuicios se pone en marcha. Quizás porque desmienta que nuestro amor sea único, cuando lo precioso es que sea nuestro. A lo mejor porque nos enlaza con el mundo. Después de todo, una canción de amor es la atomización de las partículas dispersas de todas las experiencias de amor en la humanidad hasta ahora. 

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