27.10.13

Escuela de peces.

Estoy convencido que a la felicidad es importante otorgarle un valor fluctuante, porque cuando se polariza, cuando nuestro anhelo es de una manera y no puede ser de otra, nos convierte en personas desdichadas. Es sustancial conocer que nos hace feliz, pero para interpretarlo, pensarlo como algo dinámico de manera que el éxito no quede adherido a un ideal y sí a una idea flexible. Sobre todo cuando en ese pensamiento participa el otro, en cuyo caso las variables aumentan y son necesarios procesos más elásticos.
Cuando se reflexiona sobre los vínculos humanos en tiempos del capitalismo, se los piensa como un sistema dinámico a la manera de los sistemas físicos. Se nos significa con el concepto de “conexión” Esta es una idea peligrosa, porque pensarnos conectados nos acerca a la función y no al apego sensible. Ese status de conexión fomenta un lazo romántico de unión total con el otro que fracasa más temprano que tarde. Las relaciones entre personas asumen un riesgo en el intercambio y producen energía. Los seres vivos somos sistemas abiertos capaces de mantener nuestra estructura aún frente a los cambios del entorno.Consumimos cosas provisorias del mismo modo que individuos que se vuelven prescindibles cuando dejan de ser útiles a nuestro absoluto de felicidad. De este modo las parejas duran lo que dura la gratificación. Vivir la propia vida no significa aislarse en un modo, sino colaborar en construir un mundo donde sea más sencillo acercarse a tomar decisiones saludables. Por estas razones pienso que es preciso crear lazos estables, porque hacer un lazo con otra persona es inventar, traer algo nuevo al mundo. Enamorarse, no. El enamoramiento deja al otro del lado de la crítica. El amor en cambio es un lazo poderoso camino al encuentro, conciente de las dificultades y de que conflicto no es lo mismo que incertidumbre.. Porque un lazo puede ser tanto la unión entre dos partes como algo que si se tira de sus extremos, se cierra en sí mismo.

A la herbácea perenne Cholorophytum comosum se la conoce como “Lazo de amor” porque mantiene un vínculo con sus gajos hasta que se fijen al suelo. También se la llama “Mala madre” porque mediante raíces adventicias mantiene alejados a sus hijos. Algunos peces, en cambio, se mueven en cardúmenes, juntos pero separados. Esto se conoce como comportamiento de agregación, conducta que les trae numerosos beneficios sin perder la independencia.



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