2.7.13

el camino de la invención

Estoy profundamente desencantado. Lo que consentimos en decir El sistema del arte –sindicar como mercado sería una ilusión- está tomado por el amateurismo que se ilustró en Internet  y corea entre muchos los dictados de las representaciones dominantes. Repetir, que sería un magnifico enunciado de la neurosis, se convirtió en la manera de hacer. Encuentro que una obra me seduce desde la forma y luego tropiezo con la misma imagen antes y después, acá o allá, con un autor que de tanto duplicarse vuelve anónima su firma y desaparece. Naturalmente, las Instituciones y Galerías reproducen como laminas autores y obras que podrían ser de ninguno o de cualquiera. No hay conflicto porque nadie quiere quedar afuera, y dentro solo hay espacio para los que se confiesan en el dictado del modelo aprobado. Cuando una obra de arte demanda formular preguntas, nos rodeamos de episodios apenas interesantes que responden a los mandatos de complacencia estética que podrían establecerse en un vademécum.  Yo principalmente formo parte de esto. Estamos dormidos tratando de emular lo que funciona en lugar de pensar ideas. Los espacios independientes me producen más tristeza aún, porque calcan lo previsto pero ensayando una provocación inocente que les abra camino al Barrio Joven hasta dejar de existir. Es una formidable oportunidad que se presente esta crisis, un tiempo ideal para provocar al pensamiento, al trabajo intelectual. Para estudiar y experimentar el dibujo, la pintura o cualquier ejecución posible de una idea. Necesitamos conversar, contagiar amor en lugar de clichés. Perder el miedo a ser distintos. Ganemos dinero y estimulemos el camino de la invención. Invito a que evitemos la pereza porque después de la comodidad sobreviene la muerte.

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