20.12.12

Boom significa éxito repentino y explosión.


Para RADAR
Boom significa éxito repentino y explosión.
Al principio, el universo existía atomizado en una habitación. Todos los objetos de mi constelación cabían alrededor de la cama, sobre paredes y estantes en forma de infinitas geografías afectivas: una cartografía emocional por cada uno de nosotros. 7000 millones de posibilidades próximas a colisionar entre sí. Con ese fin, los seres humanos inventamos la escala de Turín para medir la posibilidad de impacto de todo, incluso, lo que vive en el espacio como los cometas y los asteroides. La escala es de 0 a uno, sin fracción y por ahora el grado más alto lo posee el asteroide Apophis, con fecha de impacto para el 13 de abril de 2036.
Cuando por fin emergimos de nuestra habitación original, viajamos a través del cielo, los océanos y las profundidades submarinas. Viajamos por el tiempo durante 70.000 años y tratamos de explicarnos la naturaleza de las cosas desde África al resto de los continentes. Más tarde hacia la Luna camino al Universo. Sin embargo, los únicos organismos que pueden vivir en el espacio son las bacterias, así que volvimos a casa para intentar tropezar con lo que escrutábamos lejos. Porque hubo un tiempo donde el hombre y la naturaleza se entendían, las tareas no estaban divididas y los artistas eran arquitectos, alquimistas y botánicos. Para preparar sus pigmentos, los pintores conocían minerales, piedras y vegetales Mark Dion se apunta en esa tradición de fascinación por las cosas del mundo: “Para los seres humanos —observa el artista— recolectar es un impulso temprano, casi instintivo. Coleccionar es uno de los actos fundacionales de la cultura. Como artista yo soy esencialmente un escultor, así que tengo una pasión por las cosas materiales; ellas nos cuentan historias y nos enseñan cosas. Coleccionar juega un papel importante en el origen de la narración”.
No me importa quién es Mark Dion, como tampoco me atañe quién clasificó las cosas en palabras que uso todos los días, desconociendo si son ciertas o no. Si me importa la oración resultante, lo que Mark Dion está diciendo: “Los museos de historia son uno de los lugares esenciales para cualquier investigación acerca de cómo un grupo cultural dominante construye y demuestra su verdad sobre la naturaleza - dice Dion- Mi obra no se refiere realmente a la naturaleza; es más bien una consideración de las ideas de naturaleza.” En 1997, drenó el barro de los canales de Venecia para liberar sus tesoros anegados - botones, huesos, juguetes, tarjetas de crédito, botellas rotas, fragmentos de platos de porcelana y hasta alfileres- para exhibirlos luego a modo de los gabinetes de curiosidades del siglo XVII en bellísimas vitrinas de madera lustrada. Siento que todo es parte de lo mismo –señala Dion. Me resulta imposible ver a la sociedad y sus procesos políticos por fuera de la naturaleza. La idea de la interconexión entre todas las cosas es un aspecto crucial para entender al hombre y su cultura.”
Haría falta inventar una escala para pronosticar el impacto del encuentro entre las personas una con otras. Anticipar el grado de perjuicio o las variaciones en la trayectoria que producirá la colisión. Donde se estrellaran, cuáles serán las consecuencias en el futuro. Estimar el grado de estabilidad posterior a la experiencia -no para evitar atravesarla- sino para disfrutar la belleza de cada instante hasta el último, donde la cuenta regresiva no anuncie un lanzamiento sino una catástrofe donde - aun sobreviviendo- los daños serán irreparables. Y está bien que así sea. 

"Toys 'R' U.S. (When Dinosaurs Ruled the Earth)," 1994

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