25.9.08

Que algo de todo esto parezca una despedida








Cuando llegue la primera vez me sirvieron un café. Mientras lo tomaba pensaba en el viaje, en todo el sacrificio que hacia para esto que podía resultar tanto como no. En el sobre de azúcar traía escrita una frase: "un camino de mil pasos comienza con uno". Para mi fue muy importante, una suerte de consuelo en ese modelo mío de concebir sacrificios. Lo lleve en la cartera hasta que se rompió -la cartera se rompió, no el sobre-.
El sobre lo tengo en la billetera ahora. Mucho tiempo después también se rompió mi relación con el, supongo que no la tenia tan bien protegida como el sobre de azúcar.

Por supuesto que nadie repara en ese primer paso, o lo olvidas tan pronto te das cuenta lo extenuantes que van a ser los próximos 999. Ahora pienso en esos mil pasos como los mil besos que pueden resultar de una relación, es decir, tenés una cantidad, una variable que te da eso: un número como resultante. Besos digo, de los que son combustible, los que inflaman, de los que sostenes los labios con los suyos aun sin besarte. Besos que no querés que terminen porque estas sometido y al mismo tiempo sentís que todo el amor del mundo te esta atravesando. Pero en la misma ecuación tenés otro tanto –por ejemplo- de llanto.
Vas a llorar mil veces esa relación. Durante, después, no importa. Porque no podes eliminar el sufrimiento de tu vida, el dolor convive en el mismo lugar con el amor que estas disfrutando. No quiero decir que para amar sea necesario sufrir, pero esta implícito en cierta forma. Conforme al amor que sentís es el miedo de perderlo, y eso te hace soportar el dolor más espantoso. El horror a perder, justamente, lo que más feliz te hace.
Entonces se produce dentro tuyo una batalla entre esa idea y algo que se supone del sentido común y que intenta convencerte de que mejor terminar con todo ese dolor, acabar en el paso número treinta y cuatro de llanto antes de que sea demasiado tarde y el camino de vuelta se extravíe. Y es justo allí donde aparece la promesa de los mil besos restantes y seguís. Seguís porque no tenés la naturaleza de un suicida afectivo, no te querés despojar de todo eso que es tuyo también y a pesar de que te envuelve el miedo triunfa el amor. Increíblemente, el sacrificio más grande del amor es vencernos a nosotros mismos en cada intento por echar a perder todo.
Tampoco podes administrar tus mil besos. Apasionados, sensuales, completamente soñados. En el comienzo son indispensables y profundos. No te alcanza con conocer que el otro te ama, necesitas tenerlo encima -debajo, al lado- donde sea, pero adherido a vos. Y los besos y el sexo son los instantes donde la proximidad es tejida con piel. Justo ahí te sobreviene el temor. Tenés todo y por eso también tenés el riesgo de perderlo. Nace la duda: ¿Nos ama el otro como nosotros lo amamos? si los dos somos uno: ¿porque siento que el esta lejos, que sus pensamientos lo llevan de mi lado tal vez a su pasado, tal vez a necesidades que no puedo completar? Mi amor es puro, total. Mi universo empieza y termina con el. ¡Cuidado! Posiblemente no me ame lo suficiente. Su compromiso puede no ser consonante con el mío y eso va a provocarme al menos 120 o 200 llantos. Puedo evitármelos. Mejor me protejo, te voy a querer un poco menos así me haces menos mal.
No puedo, claro que no puedo. Estoy perdida, enamorada, y a bordo de mi amor las tormentas son pasajeras e inmediatamente las nubes se dispersan. ¿Mi corazón es tan dócil? SI. Recién le temía, el era el origen de mis futuras desdichas. Pero no puedo engañarme porque lo amo. ¡Ay que tonta fui!, arruine este momento hermoso con mis inseguridades.
Quiero que me perdone y que se olvide. Pero no quiero parecer una estupida. Guardo distancia entonces.
El esta enojado y yo no quiero seguir peleando.
-Perdóname - le digo con un mínimo de energía. La última parte de la palabra ni siquiera se escucha.
Tengo ganas de besarlo pero dura la incomodidad. ¡Que idiota! ¿Y ahora? Tengo ganas de llorar, me siento mal. ¿Porque sigue enojado conmigo?, le pedí perdón. Terminemos esta bobada.
-¿Querés que ponga música?
Me contesta moviendo la cabeza, o haciendo un gesto con los hombros. ¿Porque no se le pasa si a mi se me paso? Ay, que persistencia en el malestar. Que estupido. Esta bien, yo tampoco voy a hablar.
Que haga lo que quiera, yo no voy a pelear mas.
-No quiero pelear. Si vos querés seguir discutiendo es asunto tuyo- arriesgo en clave mi deseo de cambiar el clima.
Basta, me canse. Me le acerco y le agarro la mano. El apreta apenas, pero responde. Le doy un beso y me besa. Nos besamos. No hubo llanto, estamos usando el beso número 230, aproximadamente. No muy bien usado, no es intenso. Es claudicatorio, sirve para introducir a nuestros próximos besos.

Ahora el se fue, el amor se termino.
Existe apenas en un salto en el tiempo.
Es el momento de vivir los recuerdos, de ordenarlos. De convertirte en la entomóloga de tu pasado, de cada momento que deseas insista un ratito más en tu corazón antes de que se desvanezca. Ya no piensa más en mí. Están nuestros mil besos y nuestros mil llantos para desandarlos, es todo lo que de el me queda. Voy a caminar cada uno de esos besos hacia atrás hasta llegar al primero, al más intenso, el que no hizo uno.
Recién ahí voy a dejarlos ir, para empezar a llorar de nuevo mis mil llantos hasta que algo de todo esto parezca una despedida.

2 observaciones :

ieraki dijo...

Niño Nahon: Vamos entendiendo con demasiada racionalidad lo que implica llorar y amar, pero nunca olvides que podes tener 1000 plantas para regar y otras 1000 para regalar.
Te quiero georg

maría manzanilla dijo...

la historia de mi vida.

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